Paz en la guerra
Paz en la guerra Lo que más le mortificaba, confortándole y distrayéndole a la vez tal mortificación, eran los combates interiores con el enemigo malo, que, rondándole a todas horas, acechaba sus descuidos. OcurrÃasele la idea de haber cometido alguna falta; recordaba aquello de que no sabemos si estamos o no en pecado, de que no somos nosotros, sino el pecado que en nosotros mora, quien cumple actos de muerte, y luego daba en cavilar: ¿será vano escrúpulo con que el demonio quiere distraerme?, ¿o no será más bien él quien me sugiere que no es más que escrúpulo, para que asà lo pase por alto?, o esta última ocurrencia: ¿no será diabólica tentación? Y asà seguÃa. Ocurrióle en ciertas ocasión que, pensando haberse instituido el ayuno para mortificarse, y observando que en tal mortificación hallaba Ãntimo y espiritual deleite, dio en pensar que como realmente habrÃa de mortificarse serÃa no ayunando, privándose de tal consuelo. Y esta tentación le proporcionó motivo de ejercitarse en el arrepentimiento, cual correspondÃa a un perfecto varón de vida interior.