Paz en la guerra
Paz en la guerra Recogido luego en sí, recorría en su conciencia los combates de ideas que en ella se libraran durante su época de crisis intelectual. Uniformadas en expresión concreta; desligada cada una de ellas de su mundo propio, de aquel en que nació; disciplinadas en columnas de argumentos dialécticos; sometidas a la táctica formal de la lógica y guiadas por la razón, habían llenado las ideas su mente con batallas, marchas, contramarchas, encuentros, emboscadas y sorpresas. Y jamás observó que llegaran a choque verdadero, sino que siempre iban disipándose las unas a medida que se dibujaban más definidas y claras las otras, abandonando aquéllas el campo para que éstas lo ocuparan. El ejército de sus viejas ideas, que parecía vencido y deshecho, se rehacía a las veces, volviéndole a la carga con impetuoso arranque.
Y por debajo de aquellas refriegas mentales palpitábale inmenso y oscuro el mundo de las pacíficas impresiones, de las humildes imágenes de las cosas cotidianas, continuo sustento de su mente. Sobre la quietud tranquila de este mundo mental de imágenes sencillas, no resultaban ser aquellos combates más que juego distraído, divertida contienda, fuente de los variados placeres íntimos que la sorpresa engendra. ¿Qué eran aquellas pretendidas angustias de la crisis íntima, cuando se calmaban, como por ensalmo, al ponerse él a comer, por ejemplo? Mera sugestión, ilusión pura, comedia de la duda.