Paz en la guerra
Paz en la guerra Por fin la paz interior se había hecho en él, y disueltos los contrarios ejércitos de sus ideas, vivían las de uno y otro en su conciencia, como hermanas, trabajando en común, en la paz de la por completo aquietada mente. En el seno tranquilo de esta paz interior pensaba Pachico con su ser todo, no sólo con su inteligencia, sintiendo la honda vida de la fe verdadera, de la fe en la fe misma, penetrado de la solemne seriedad de la vida, ansioso de verdad y no de razón. Sólo al encontrarse ante los libros o en las rarísimas discusiones que sostenía aún, se le despertaba algo de las viejas luchas, pareciendo querer correr sus ideas a alistarse en opuestos ejércitos combatientes, mas aun esto en fría representación. Llegó a darse cuenta de que tales combates le habían sido ajenos, mero espectáculo representado en su conciencia por fuerzas a él extrañas; llegó a comprender que jamás había sentido aquellas angustias de la duda de que hablan algunos desocupados.
En momentos de inesperado sobresalto, de sobresalto que parecía brotarle del misterio, de las tinieblas de su ser, rezaba sus oraciones de la niñez, sintiendo a su perfume dulce y difuso aquietársele el alma y evocársele el mundo neblinoso que vive en las oscuras entrañas de la conciencia, en los hondos senos a donde no llega el rumor del oleaje de las ideas, sus ondas superficiales.