Paz en la guerra
Paz en la guerra Venían las olas a quebrarse a sus pies, disipándose en la arena unas, rompiéndose con ruido y en espuma contra las rocas otras. Una ola muerta..., ¿muerta?, allá venía otra, a morir también, y las aguas siempre las mismas. Por debajo del oleaje, obra del viento en el pellejo tan sólo del inmenso océano; por debajo del oleaje, contra su dirección tal vez, sin obedecerla, marchaba incesante el curso perdurable de las aguas profundas, en ciclo sin cesar recomenzado.