Paz en la guerra
Paz en la guerra —HabrÃa que arrasar todas las ciudades liberales y sembrar sal en ellas... ¡Lo demás esto no se acaba nunca! —exclamó don Emeterio.
—Ya se acabará cuando Dios quiera —contestó Pedro Antonio.
—Cuando Dios quiera..., cuando Dios quiera...! Asà anda todo, ¡como Dios quiere! —le contestó su hermano, empleando esta frase popular, de inconciente impiedad, con que se quiere decir que andan las cosas a tuertas.
Atribuyeron a mala fe de la prensa liberal sus relaciones de la toma de Cuenca, mas aun asà y todo, fue rodando la conversación, a partir de ellas, y pasando por el tema de la barbarie atribuida por muchos a los españoles, a la distinción entre costumbres suaves y costumbres muelles, distinción en que habÃa hecho hincapié don Emeterio al leer en El protestantismo comparado con el catolicismo, de Balmes, aquel capÃtulo en que el famoso publicista acaba disimulando el salvajismo de las corridas de toros, espectáculo que atrae a nuestro corazón «que al mismo tiempo que abriga la compasión más tierna por el infortunio, parece que se fastidia si tarda largo tiempo en hallar escenas de dolor, cuadros salpicados de sangre».