Paz en la guerra

Paz en la guerra

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—Sin todo eso nos echamos al monte y con todo ello se irá esto al traste si está de Dios así. Menos fantasmones es lo que hace falta..., y en cuanto a los castellanos, ¿quién les ha mandado venir?

Comprendió el Pretendiente que tenía que prestarse a la suprema representación. Murmuraban ya de él muchos diciéndole masón, o influido de masones y liberales cuando menos, repitiéndose, de oído en oído, la resistencia que había opuesto su abuelo a jurar los fueros. Ni la consagración del ejército carlista al Sagrado Corazón de Jesús detuvo la gangrena. Llegó la época de las Juntas generales del señorío de Vizcaya, en Guernica, y arreciaron las discordias entre puros y amorebietos. El día 30 se presentó una moción pidiendo se proclamase al Rey señor de Vizcaya; y al oír que éste iba a jurar los fueros vizcaínos, Josefa Ignacia dijo a su marido: anda, vete a ver eso, por Dios; distráete, hombre, distráete, vete a verlo...





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