Genio y figura
Genio y figura Con tal discurso y con otros de la misma laya sosegaba D. Joaquín los ánimos exaltados de su gentil esposa y del fanático americano.
Estos, en efecto, ya que no perpetua paz, tenían largos momentos y aun horas de tregua agradabilísima; se hablaban al oído sin disputarse cuando así hablaban; y solían salir juntos a caballo y dar deliciosos paseos, galopando y trotando por los fértiles y pintorescos alrededores de la ciudad, ya cuando se ponía el sol a la caída de la tarde, ya en noches apacibles de luna.
Cierto egregio personaje no tuvo noticia de las disputas histórico-filosóficas, pero la tuvo pronto de las intimidades y de los paseos. En su dignidad, jamás quiso darse por entendido ni mostrarse quejoso, pero desistió por completo de acudir y aun de pedir nuevas citas, dado que las antiguas hubiesen sido realidad y no invención o fábula de desocupados maldicientes.