Genio y figura
Genio y figura —Ten valor, hijo mÃo. Acaso no me expresé bien, o tú no me entendiste. Yo no quiero dejar de ser tu amiga. Tú tienes y tendrás siempre preferente lugar en mi corazón. Te he querido, te quiero y te querré toda mi vida. Huérfano tú desde la infancia, no has gozado del afecto puro y santo de una madre. Yo te ofrezco hoy un amor que debe purificarse y adquirir la apariencia, si no el ser de amor maternal. No le desdeñes con perversión soberbia, seducido por amor vicioso y lleno de liviandades. Hoy que te amo yo con amistad inmaculada, entiendo que te amo más que te he amado nunca y no hago sino pensar en tu dicha. Considera que tu padre es ya muy anciano, que pronto acaso tendrá que rendir el inevitable tributo que a la naturaleza rendimos todos, y que te dejará dueño de un nombre respetadÃsimo en este paÃs y de cuantiosos bienes de fortuna. ¡Cuánto se alegrarÃa tu padre de ver, en vida, asegurada en más extenso porvenir su sucesión y en contemplar y acariciar a los legÃtimos y preciosos nietos que tú puedes y debes darle!