La piedra cansada
La piedra cansada Tarde en una encrucijada de caminos, en Chokechaka. En el centro de la escena, un dolmen de piedra en forma de serpiente. En torno, arboledas. Auquis y sipacoyas celebran, presididos por Uyurqui y mama Payo, la entrada a la pubertad de Kaura. Delante del dolmen, la asistencia está sentada en dos filas, de espaldas unos a otros —por parejas— sobre dos largos bancos de madera, tapizados de yerba y dispuestos de un extremo al otro del tablado. Al fondo, detrás del dolmen, los padres de Kaura aparecen sentados en un alto y grueso tronco de árbol recién trozado y cubierto aún de hojas y ramajes. Un grupo de vÃrgenes, vestidas de rojo, están de pie, una al lado de cada asistente, sosteniendo, en una mano un vaso y en la otra una rama de blanco algodón en flor. Kaura, ataviada de plumas policromas y guirnaldas de flores, está de pie entre sus padres, dando frente al público. Uyurqui y mama Payo la tienen tomada por las manos.
Un coro de niños invisibles entona el cántico ritual de la quipuchika. Al terminar el canto, impera un largo y profundo silencio. Después, las vÃrgenes alargan los vasos a los asistentes y éstos liban ceremoniosamente. Hay una nueva pausa.
