Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ «Por esta vez», díjose Roberto, subiendo de nuevo al spardek, mientras el puente volvía a quedarse desierto.
El tiempo se modificó nuevamente. Cesó la lluvia; disipóse la niebla; surgieron las constelaciones del firmamento e incluso llegaron a hacerse perceptibles las bajas orillas del río.
Roberto consultó su reloj. Eran las nueve y cuarto.
Hacía tiempo que se habían perdido en la lontananza las luces de Greenwich; por babor, todavía eran visibles las de Woolwich, en el horizonte asomaban las de Stonemess, que pronto fueron dejadas atrás, cediendo el puesto al faro de Broadness. A las diez se pasó frente al faro de Tilburness, y veinte minutos después se dobló la punta Coalhouse.
Roberto se percató entonces de que no estaba solo en el spardek; a pesar de la oscuridad se distinguía el pequeño resplandor de un cigarrillo a unos diez pasos de él. Indiferente, continuó su paseo, y luego maquinalmente se acercó a la claraboya iluminada del gran salón.
Todo ruido habíase extinguido en el interior. Los viajeros habían marchado en busca de sus respectivos camarotes. El gran salón estaba vacío.