Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Roberto leyó estupefacto la hoja y alzó los ojos sobre Saunders, los paseó en torno de sí, como si hubiera esperado hallar sobre el puente la explicación de un hecho que escapaba a su comprensión. Entonces vio a Thompson inclinado sobre la claraboya de las máquinas como si escuchara con gran atención el regular funcionamiento de bielas y pistones.
Abandonando a Saunders y a Piperboom, corrió Roberto hacia él, y con viveza le tendió el folleto.
Pero Thompson se hallaba preparado para aquel ataque; lo estaba esperando. Thompson siempre estaba dispuesto y preparado para cualquier contingencia.
Bajó el brazo levantado de Roberto y amistosamente, sin brusquedad, suave y atento, cogióse al disgustado intérprete. Se hubiera jurado que se trataba de dos camaradas que comentaban tranquilamente el estado del tiempo. Pero Roberto no era tan fácil de dominar con frases más o menos amables.
—¿Podría explicarme, Mr. Thompson, las afirmaciones contenidas en su programa? —gritó brutalmente—. ¿Acaso he afirmado yo alguna vez que hablase todos los idiomas?
Thompson sonreía sin perder un momento la calma.
—¡Ta, ta, ta! —susurró—. Son los negocios, mi querido señor.
—Los negocios nunca podrán justificar una falsedad —replicó secamente Roberto.