Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —Pero ¿cómo explicarnos esas ráfagas de luz? —preguntó Miguel—. Porque no creo que los sabios dejen nunca de dar explicaciones.
—Sà —respondió Barbicane—, Herschel ha formulado una opinión, pero no me atrevo a afirmarla.
—No importa. ¿Qué opinión es ésa?
—CreÃa que esos rayos debÃan ser corrientes de lava solidificada, que brillaban cuando el Sol las atacaba directamente; esto es posible, pero no seguro. Por lo demás, si pasamos cerca de Tycho, nos encontraremos en posición más conveniente para reconocer la causa de esa irradiación.
—¿Sabéis, amigos mÃos, a qué se parece esa llanura, vista desde la elevación en que estamos? —dijo Miguel.
—No —respondió Nicholl.
—Pues bien, con todos esos montones de lava largos como husos, parece un gran juego de palillos tirados unos sobre otros; no falta más que un gancho para ir cogiéndolos uno a uno.
—¡Nunca tendrás formalidad! —dijo Barbicane.
—Pues hablemos formalmente —repitió Miguel—, y en lugar de juncos, supongamos que son osamentas. En ese caso, la planicie no serÃa sino un osario inmenso en que reposarÃan los despojos mortales de mil generaciones extinguidas; ¿prefieres esta comparación de gran efecto?