Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna Se volvió a J. T. Maston, y no le vio. El desdichado, que se habÃa inclinado imprudentemente sobre el tubo de metal, habÃa desparecido en el inmenso telescopio. ¡Una caÃda de 280 pies! Belfast, fuera de sÃ, se precipitó al orificio del reflector, y suspiró. J. T. Maston, detenido por su garfio de metal se habÃa quedado enganchado en uno de los puntales que mantenÃan abierto el telescopio, y proferÃa gritos temibles.
El desdichado habÃa desparecido…
Llamó a sus ayudantes, se echaron cuerdas y, no sin trabajo, sacaron al imprudente secretario del «Gun-Club», que salió sano y salvo por el orificio superior.
—¡Ah! —dijo—. ¡Si llego a romper el espejo!
—Lo habrÃas pagado —respondió severamente Belfast.
—¿Dónde ha caÃdo ese maldito proyectil? —preguntó J. T. Maston.
—¡En el PacÃfico!
—¡Partamos!
Un cuarto de hora después, los dos sabios bajaban la cuesta de las Montañas Rocosas, y a los dos dÃas llegaban a San Francisco, al mismo tiempo que sus amigos del «Gun-Club», que después de reventar cinco caballos en el camino salieron al encuentro.
—¿Qué vamos a hacer? —dijeron.