Ante la bandera
Ante la bandera ¡Cuántos misterios! El origen de este Artigas, sus intenciones para el porvenir, la dirección que sigue su goleta, su puerto de atraque, y también esta navegación, sin vela y sin hélice, con una velocidad de diez millas por hora a lo menos…
Con la noche, un aire más fresco penetra por el tragaluz de mi camarote. Le cierro, y puesto que mi puerta tiene corrido el cerrojo por el exterior, lo mejor es echarme en el catre y dormirme a las dulces oscilaciones de esta singular Ebba.
Al dÃa siguiente me levanto al alba, procedo a mi tocado, me visto y espero.
Me acomete la idea de ver si la puerta continúa cerrada.
No… Traspaso el umbral, subo por la escala de hierro y heme en el puente.
En la popa, mientras los marineros se dedican a la limpieza del barco, dos hombres hablan. El uno es el capitán, que al verme no manifiesta sorpresa alguna, y con un movimiento de cabeza me designa a su compañero.
El otro, a quien jamás he visto, es un individuo de unos cuarenta años, barba y pelo negros, mezclados de algunas canas, rostro irónico y astuto. Se aproxima al tipo helénico, y no he dudado de que fuera de origen griego, al oÃr que el capitán le llamaba Serko, el ingeniero Serko.