Ante la bandera
Ante la bandera 
Vuelvo a la izquierda, y los hombres me introducen en un gabinete alumbrado por uno de los tragaluces del casco, abierto en este momento, y que deja paso a un aire fresco. El mueblaje se compone de un lecho, una mesa, un sillón, un tocador, un armario, todo muy limpio.
En la mesa tengo preparado mi cubierto. Me siento, y como el pinche iba a retirarse después de haber depositado diversos platos, le dirijo la palabra.
Tampoco me responde… Es un joven negro, y tal vez no entienda mi lengua.
Cerrada la puerta, yo como con apetito, dejando para más tarde mis preguntas.
Estoy preso, aunque esta vez en mejores condiciones de comodidad, y que creo no cambiarán hasta que lleguemos a nuestro destino.
Abandónome al curso de mis ideas. La primera es ésta: el que ha dirigido este negocio es el Conde de Artigas; él es el autor del rapto de Tomás Roch, e indudablemente el inventor francés habrá sido instalado en otro no menos cómodo camarote a bordo de la Ebba.
¿Quién es este personaje? ¿De dónde viene? Si se ha apoderado de Tomás Roch, es que quiero a cualquier precio apropiarse el secreto del Fulgurador. Éste debe ser el motivo. Así, pues, debo cuidarme de no revelar quién soy, pues toda casualidad de huída se haría imposible si se supiera la verdad.