Ante la bandera
Ante la bandera Observo que Tomás Roch es vÃctima de una gran excitación. Gesticula, pronuncia frases incoherentes que a nadie se dirigen…, se agita.
Indudablemente, una crisis está próxima; una crisis semejante a la que ha sufrido durante la última noche pasada en Healthful-House, y cuyas consecuencias han sido tan funestas. Va a ser necesario sujetarle, bajarle a su camarote, al que se me llamará para que le preste los especiales cuidados a que tan acostumbrado estoy.
Entretanto, el ingeniero Serko y el capitán Spada no le pierden de vista; pero, indudablemente, su intención es la de dejarle hacer y ver lo que hace.
Después de dirigirse hacia el palo mayor, cuyo velamen han buscado en vano sus ojos, le toca, le rodea con sus brazos, le sacude vigorosamente como si quisiera echarle abajo. Viendo lo infructuoso de sus esfuerzos, va a intentar con el palo de mesana lo que intentó con el palo mayor. La nerviosidad aumenta, gritos inarticulados suceden a las vagas palabras que se le escapan.
De repente se precipita hacia los obenques de babor, agárrase a ellos, y yo me pregunto si no va a lanzarse sobre los flechastes y subir hasta las barras de la gavia.
Pero si no se le detiene, corre el riesgo de caer sobre el puente, o en un movimiento fuerte ser arrojado al mar.