Ante la bandera
Ante la bandera —Bien, guardián Gaydón. Si es necesario, usted continuará prestándole sus cuidados como en Healthful-House.
—¿Mis cuidados?
—SÃ…; a bordo de la goleta, hasta tanto que lleguemos…
—¿Dónde?
—Donde… estaremos mañana por la tarde —se ha limitado a responderme el Conde de Artigas.
¿Mañana? —pensé—. ¿No se trata, pues, de tocar en la costa de Ãfrica, ni en el archipiélago de las Azores? Quedaba la hipótesis de que la Ebba fuera a hacer escala en las Bermudas.
Iba el Conde de Artigas a poner el pie en el primer escalón de la chupeta, cuando yo le interrogo a mi vez:
—Caballero —digo—, quiero saber…, tengo el derecho de saber dónde voy, y…
—AquÃ, guardián Gaydón, no tiene usted ningún derecho, y solamente el deber de responder cuando se le pregunte.
—Yo protesto…
—Proteste usted —me replica el altivo personaje, mirándome de un modo siniestro.
Y bajando por la chupeta, me deja en presencia del ingeniero Serko.