Ante la bandera
Ante la bandera En vano intentamos subir hasta el orificio del volcán. Por aquellas pendientes abruptas, lisas y resbaladizas, que no ofrecÃan un apoyo para el pie o la mano, y que dibujaban un ángulo de 75 u 80 grados, la ascensión era imposible. Jamás habÃa yo visto cosa más árida que aquel caparazón rocoso, cuya única vegetación era raros montones de alfalfa salvaje en los sitios en que habÃa algo de tierra vegetal.
Después de algunas tentativas infructuosas, se procuró dar la vuelta en torno del islote. Pero, excepto en la parte en que los pescadores habÃan construido sus viviendas, la base era impracticable en medio de los escombros del Norte, del Sur y del Oeste.
El reconocimiento del islote limitóse, pues, a esta exploración insuficiente. Al ver, en suma, las humaredas mezcladas de llamas que salÃan del cráter, mientras que sordos ruidos, y a veces fuertes detonaciones, sonaban en el interior, no podÃa, menos de aprobarse que los pescadores hubieran abandonado el islote en previsión de su próxima destrucción.
Tales fueron las circunstancias en que visité a Back-Cup, y no es de extrañar que desde que se ofreció ante mis ojos yo lo diera este nombre.