Ante la bandera
Ante la bandera Entonces hizo una nueva tentativa en América, diez y ocho meses antes de comenzar esta historia. Los americanos, más prácticos aún que los ingleses, no regatearon el Fulgurador Roch, al que concedÃan un valor excepcional dada la fama del quÃmico francés. Con razón le consideraban como un hombre de genio, y tomaron medidas justificadas por su estado mental, dispuestos a indemnizarle más tarde en una equitativa proporción.
Como Tomás Roch daba pruebas demasiado evidentes de locura, la Administración, en interés del invento mismo, juzgó oportuno encerrarle.
Se sabe que Tomás Roch no fue recluido en el fondo de una casa de locos. El establecimiento de Healthful-House ofrecÃa toda garantÃa para el tratamiento del enfermo. Pero aunque no se hubieran escaseado los más exquisitos cuidados, hasta el dÃa no se habÃa conseguido nada.