Ante la bandera
Ante la bandera Después de la escena referida se me ha dejado en libertad, como antes. No se ha tomado contra mà medida alguna. Puedo circular hasta el lÃmite de la caverna, que, esto es evidente, no posee más salida que el túnel.
Al llegar a mi celda, en el extremo de Bee-Hive, presa de las mil reflexiones que me sugiere la situación, me digo:
—Si, Ker Karraje sabe que soy el ingeniero Simón Hart, por lo menos que no sepa jamás que conozco exactamente el yacimiento de Back-Cup.
Respecto al proyecto de confiar a Tomás Roch a mis cuidados, pienso que jamás le ha tenido el Conde de Artigas, puesto que, conocÃa quién era yo. Me lamento de ello, pues es indudable que el inventor será objeto de insinuaciones fuertes; que el ingeniero Serko va a emplear toda clase de medios para obtener el secreto del explosivo y de su deflagrador, del que hará un empleo terrible en sus futuras piraterÃas. ¡SÃ! Era preferible que yo continuara siendo el guardián de Tomás Roch.