Ante la bandera
Ante la bandera ¿Tal vez el Conde de Artigas había tenido el deseo de conocer a Tomás Roch?
La notoriedad universal del inventor francés hubiera justificado esta curiosidad. ¡Un loco de genio, cuyos inventos prometían causar hondísima revolución en los métodos del arte militar moderno!
Como en su solicitud indicaba, por la tarde, el Conde de Artigas se presentó a la puerta de Healthful-House acompañado por el capitán Spada, el comandante de la Ebba. En conformidad con las órdenes dadas, ambos fueron conducidos al despacho del Director. Éste acogió afablemente al Conde de Artigas y se puso a su disposición, no queriendo ceder a nadie el honor de ser su cicerone. El Conde de Artigas agradeció el favor. Empezóse por visitar las salas comunes y las habitaciones particulares. El Director hablaba mucho de los cuidados que se prodigaban a los enfermos, muy superiores, a creerle, a los que hubiesen podido recibir de sus familias; tratamiento de lujo —repetía—, cuyos resultados habían valido a Healthful-House un éxito merecidísimo.
El Conde de Artigas escuchaba sin perder su flema habitual, y parecía interesarse en la facundia del Director, quizás para disimular mejor el deseo que le había llevado a aquella casa. Sin embargo, después de una hora consagrada a aquel paseo, creyóse en el deber de decir: