Ante la bandera
Ante la bandera Me dirijo hacia allá, y al pasar junto al ribazo noto que el tug está en su lugar de costumbre.
Llegado a este sitio, creo prudente deslizarme entre la primera hilera de los pilares a fin de ganar lateralmente el laboratorio, lo que me permitirá ver si hay alguien con Tomás Roch.
Desde que me hundo bajo los arcos sombrÃos aparece ante mà la vivÃsima luz del laboratorio, que proyecta sus rayos por una estrecha ventana. Excepto en esta parte, la ribera meridional está obscura, mientras que en la parte opuesta, Bee-Hive está en parte alumbrado hasta la pared del Norte. En la abertura superior de la bóveda, sobre el obscuro lago, brillan algunas resplandecientes estrellas. El cielo está puro, la tempestad se ha apaciguado y el huracán no penetra ya en el interior de Back-Cup.
Llego junto al laboratorio, me deslizo a lo largo de la pared, y después de alzarme hasta la vidriera, veo a Tomás Roch.
Está solo. Su cabeza está vivamente iluminada, sus facciones contraÃdas, y el pliegue de su frente más hondo; su rostro denota una tranquilidad perfecta, una plena posesión de sà mismo. ¡No! No es ya el pensionista del pabellón 17, el loco de Healthful-House, y me pregunto si no está radicalmente curado, si no hay ya temor de que su razón se extinga en una última crisis.