Ante la bandera
Ante la bandera —Le repito a usted que los tesoros almacenados aquà son el precio de mi invento. Me pertenecen. Se me ha dado por el Fulgurador Roch lo que yo pedÃa, lo que en todas partes se me ha rehusado, hasta en mi paÃs… que es el de usted, y no dejaré que me despojen de lo mÃo.
¿Qué responder a estas insensatas afirmaciones? Sin embargo, continúo diciendo:
—Tomás Roch, ¿ha conservado usted el recuerdo de Healthful-House?
—¡Healthful-House…, donde se me habÃa encerrado, después de haber dado al guardián Gaydón el encargo de espiar mis menores palabras, de robarme mi secreto!…
—No he pensado nunca en robar a usted el beneficio de ese secreto… No hubiera aceptado tal misión. Pero usted estaba enfermo…, su razón amenazada… Era menester que tal invento no se perdiera. SÃ… ¡Si usted… le hubiera revelado en una de sus crisis, usted hubiera conservado todo el beneficio y todo el honor del mismo!
—¡Honor y beneficio! —responde con desdén—. ¡Se me dice algo tarde! Usted olvida que se me ha encerrado bajo pretexto de locura. SÃ…, ¡pretexto! ¡pues jamás me ha abandonado la razón ni por un momento…, y bien lo ve usted por todo lo que he hecho desde que estoy libre!