Ante la bandera
Ante la bandera —¡Libre!… ¿Se cree usted libre? ¡Entre las paredes de esta caverna está usted tan encerrado como entre los muros de Healthful-House!
—El hombre que está en su casa —replica Tomás Roch, con voz que la cólera empieza a agitar—, sale cuando quiere y como quiere. Con una palabra que diga, todas las puertas se abren ante mÃ. ¡Ésta es mi casa! ¡El Conde de Artigas me la ha cedido con todo cuanto contiene! ¡Desgraciados los que la ataquen! ¡Tengo aquà con qué aniquilarlos, Simón Hart!

Y al hablar asÃ, el inventor agita febrilmente el tubo de cristal que tiene en la mano.
Yo exclamo entonces:
—¡El Conde de Artigas le ha engañado a usted como a tantos otros! Bajo ese nombre se oculta uno de los más terribles bandidos de cuantos han asolado los mares del PacÃfico y del Atlántico. ¡Es un bandido cargado de crÃmenes, es el odioso Ker Karraje!
—¡Ker Karraje! —repite Tomás Roch.
Me pregunto si este nombre no le produce cierta impresión, si no recuerda las hazañas del que le lleva. En todo caso, observo que la impresión se desvanece en seguida.
—No conozco a ese Ker Karraje —dice Tomás Roch extendiendo el brazo hacia la puerta, como indicándome que salga—. No conozco más que al Conde de Artigas.