Ante la bandera
Ante la bandera —Los bandidos —dice— son los que me han rechazado sin querer oirme, los que me han colmado de injusticias, los que me han hundido bajo el peso de su desdén, los que me han lanzado de paÃs en paÃs, cuando yo les llevaba la superioridad, la invencibilidad, el poder absoluto.
SÃ. La eterna historia del inventor al que no se quiere escuchar, y al que los indiferentes o los envidiosos rehúsan los medios para experimentar sus inventos, y no se los compran al precio que él estima. La conozco, y nada ignoro de las exageraciones que con este motivo se han escrito.
Realmente, no es este oportuno momento para discutir con Tomás Roch. Comprendo que mis argumentos no hacen fuerza alguna sobre aquel alma agitada, sobre aquel corazón al que las decepciones han llenado de odio, sobre aquel desdichado juguete de Ker Karraje y de los cómplices de éste. Revelándole el verdadero nombre del Conde de Artigas, denunciándole aquella banda, y a su jefe, esperaba arrancarle a su influencia, mostrarle el objeto criminal al que se le llevaba… ¡Me he engañado! ¡Él no me cree! Y además… Artigas o Ker Karraje, ¿qué importa? ¿No es él, Tomás Roch, el dueño de Back-Cup? ¿No es el poseedor de las riquezas almacenadas durante veinte años de asesinatos y rapiña?