Ante la bandera
Ante la bandera Por última vez intento despertar en el inventor el sentimiento de la patria, y le digo:
—Los navÃos están a la vista. Vienen para destruir esta cueva de bandidos. Tal vez alguno de ellos trae el pabellón de Francia.
Tomás Roch me mira. No sabÃa que Back-Cup iba a ser atacado, y acaba de saberlo por mÃ. Frunce el ceño. Su mirada se ilumina.
—Tomás Roch, ¿se atreverá usted a disparar contra el pabellón de su paÃs… el pabellón tricolor?
Tomás Roch levanta la cabeza, la sacude nerviosamente. Después hace un gesto de desdén.
—¡Qué!, ¿su patria…?
—¡Yo no tengo patria, Simón Hart! —exclama—. ¡El inventor rechazado no tiene patria! ¡Allà donde encuentra asilo está su paÃs! ¿Pretenden apoderarse de lo mÃo?… ¡Voy a defenderlo! Y ¡desgraciados de los que se atrevan a atacarme!
Después, precipitándose a la puerta del laboratorio, la abre con violencia y repito con voz tan poderosa, que se debe de oir en el ribazo de Bee-Hive:
—¡Salga usted! ¡Salga usted!
No tengo un minuto que perder, y huyo.