Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral Mokoum montaba un magnífico animal que excitaba la admiración de Sir John Murray, gran conocedor del arte de la equitación. Se trataba de una cebra de pelaje incomparable, que el indígena manejaba con habilidad, a pesar de la naturaleza asustadiza que caracteriza a estos animales.
Completaba el conjunto un grupo de perros que corrían a ambos lados de la caravana en estado semisalvaje.
De esta suerte avanzaba la expedición por el desierto. ¿Hacia dónde se dirigía? Ni siquiera Everest y Strux lo sabían, pues lo que andaban buscando ambos sabios antes de dar comienzo a sus operaciones trigonométricas era una vasta planicie, nivelada con cierta regularidad, con objeto de establecer en ella la base del primero de aquellos triángulos, cuya red debía cubrir la región austral de África en una extensión de muchos grados.
El coronel Everest explicó a Mokoum lo que se pretendía. Utilizó el lenguaje familiar a los sabios, hablando de ángulos adyacentes, medición del meridiano, distancias cenitales y otras cosas más, hasta que el cazador, interrumpiéndole con un gesto de impaciencia, dijo:
—No entiendo nada de lo que me está diciendo, coronel. Sin embargo, creo adivinar lo que está buscando. ¿Se trata de una llanura grande, lo más recta y regular posible?