Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral Abiertos, expansivos y risueños, ambos jóvenes se diferenciaban de sus colegas, caracterizados por la extrema gravedad que las responsabilidades del cargo confieren a los seres humanos. Emery y Zorn conversaban a menudo sobre temas ajenos al mundo de la ciencia, si bien se sentÃan profundamente interesados por todo cuanto a ella concernÃa, como es natural.
Otro de sus temas de conversación se basaba en la observación de sus respectivos jefes, el coronel Everest y el señor Strux. Emery aprendió a conocerles gracias a su amigo Zorn.
—Sà —dijo cierto dÃa Michael Zorn—, les he observado bien durante nuestra travesÃa a bordo del Augusta y he de admitir que, desgraciadamente, están celosos el uno del otro. Ambos son imperiosos y tienden al autoritarismo, aunque tampoco puede decirse que sean unos malvados. En realidad, la causa principal de su amargura aparente proviene de lo que acabo de decirle: reinan entre ellos los celos de los sabios, que son los peores celos.
—Y los que tienen menos razón de ser —añadió Emery—, ya que todo queda en el campo de los descubrimientos y cada uno de nosotros busca el provecho de todos. Lamento que sea asÃ, pues ésta va a ser una circunstancia molesta, e incluso peligrosa, para nuestra expedición.
—Desde luego.