Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral —Es necesario que exista una compenetración absoluta para que tenga éxito una operación tan delicada como ésta.
—Sin duda —asintió Zorn—, pero estoy convencido de que esta compenetración no existe. O mucho me equivoco, o preveo choques a la hora de confrontar nuestros dobles registros.
—Me aterra usted, amigo mÃo —afirmó Emery—. Quiera Dios que no nos hayamos aventurado hasta tan lejos para que la falta de concordia haga fracasar una empresa de este género.
—Eso mismo pienso yo, pero he de repetirle que durante la travesÃa he asistido a ciertas discusiones de métodos cientÃficos que dan fe de una terquedad incalificable tanto por parte de su compatriota como por parte del señor Strux. En el fondo es una cuestión de miserable envidia.
—Lo raro del asunto es que no se separan nunca ni un momento.
—No se separan ni diez minutos, en efecto, pero no les habrá visto intercambiar más de diez palabras en un dÃa. En realidad están llevando a cabo una labor de espionaje mutuo, lo cual nos obliga a realizar la expedición en condiciones ciertamente deplorables.
—Me gustarÃa hacerle una pregunta —dijo Emery.
—Como guste.