Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Allà encontró el niño un asilo y pasó la noche acostado en un escalón a la sombra de la iglesia, temblando al menor ruido, preguntándose si aquel hombre villano, el duque de Kendalle, no irÃa a buscarle. ¡Y la señora Anna que no estarÃa allà para defenderle!… ¡Oh! Le llevarÃa lejos… muy lejos… No volverÃa a ver a su mamá… y gruesas lágrimas nublaban sus ojos. Al llegar el dÃa, le pareció a Hormiguita que alguien le llamaba. Un hombre y una mujer estaban junto a él. Un labrador y una labradora. Al cruzar el camino le habÃan visto. Iban a la administración de la diligencia que partirÃa para el sur del condado.
—¿Qué haces aquÃ, pequeño? —dijo el labrador.
El niño sollozaba, hasta el punto de no poder hablar.
—Veamos, ¿qué haces aquÃ? —repitió la mujer con voz más dulce. Hormiguita permanecÃa en silencio.
—¿Tu papá? —preguntó ella entonces.
—No tengo papá —respondió al fin el niño.
—¿Y mamá?
—Tampoco.
Y tendió sus brazos hacia la labradora.