Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Si el niño hubiera llevado buenas ropas, el labrador hubiera pensado que se trataba de un niño perdido y practicado las diligencias necesarias para devolvérselo a la familia; pero a juzgar por los harapos de Sib, no debÃa de ser más que uno de esos miserables que a nadie pertenecen.

—Ven, pues —concluyó el labrador.
Y levantándole, le puso en brazos de su mujer, diciendo con voz segura:
—Un colminillo más en la granja no pesará mucho, ¿no es verdad, Martina?
—No, Martin.
Y Martina enjugó con un beso las gruesas lágrimas de Hormiguita.