Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —Señoras y señores: esto representa el salón de fiestas en el castillo real de Osborne, isla de Wight.
En efecto, la decoración representa un salón en miniatura, colocado entre cuatro planchas, y sobre las que están pintadas puertas y ventanas; hay muebles de cartón sobre una alfombra de color, mesas, sillones, sillas colocadas de manera que no impidan la circulación de los personajes, prÃncipes, princesas, duques, marqueses, condes, barones, que se pavonean con sus nobles esposas en medio de aquella recepción oficial.
—En el fondo —continúa Thornpipe— verán el trono de la reina Victoria, cubierto de un pabellón de terciopelo carmesÃ, con franjas de oro, modelo exacto del sitial en que Su Graciosa Majestad toma asiento en las ceremonias de la corte.
El trono en cuestión, de tres o cuatro pulgadas de altura, y aunque el terciopelo sea de papel, y las franjas faltas de una coma de color amarillo, no deja de producir ilusión a aquellas gentes que jamás han visto ese mueble esencialmente monárquico.
—Sobre el trono —continuó Thornpipe—, contemplad a la Reina, parecido garantizado, vestida de gala; el manto real sobre los hombros, la corona en la cabeza y el cetro en la mano.