Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —SÃ… Pat… Pero ya ves… trabajar en una tierra que no es de uno, que jamás lo será… y estar a merced de una mala cosecha… ¡para esto, ni la energÃa ni la voluntad sirven de nada!
Pat no supo qué responderle, y sin embargo, en el momento en que le dio el último apretón de manos.
—Ten confianza —murmuró.
El marinero fue llevado en coche hasta Tralée. Iba acompañado de su padre, de sus hermanos y de Hormiguita. El tren le llevó hacia DublÃn, desde donde el paquebote debÃa llevarle a Liverpool.
En la granja hubo gran trabajo durante las semanas que siguieron. Recogida la cosecha, después, llegado el momento oportuno, Martin recorrió los mercados a fin de venderla, no conservando sólo el grano necesario para la siembra.
Estas ventas interesaban en el más alto grado a Hormiguita. Por lo que el labrador le llevaba consigo.
Que no se acuse a este niño de ocho años de mostrarse apegado al interés… No… él era asà y su instinto le llevaba al comercio. Por otra parte, se contentaba con el guijarro que Martin MacCarthy le entregaba todas las noches, conforme a lo convenido, y se felicitaba de ver aumentar su tesoro.