Aventuras de un niño irlandés

Aventuras de un niño irlandés

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Los períodos destinados para los trabajos de recolección presentaron condiciones peores que el año anterior. Hubo un déficit bastante considerable, como se había previsto, en lo que concernía a los granos. El personal de la granja bastó para el trabajo. Sin embargo, la cosecha de patatas fue buena. Era el alimento asegurado en parte para la mala estación. ¿Pero esta vez, de dónde se sacaría el dinero necesario para los pagos de arriendo y de impuestos?

Volvió el invierno, muy precoz. Desde las primeras semanas de septiembre empezaron los grandes fríos. Después cayó la nieve en abundancia. Fue preciso volver el ganado al establo. La costra blanca era tan espesa, tan resistente, que ni los carneros ni las cabras hubieran podido pastar. De aquí el temor muy fundado de que los forrajes fueran insuficientes hasta la vuelta de la primavera. Los más prudentes, o al menos los que tenían medios para ello, y Martin fue de este número, tomaron precauciones, comprándolos; pero lo hicieron a precios elevados, por lo de la mercancía, y tal vez hubiera valido más deshacerse de aquellos animales cuyo sostenimiento sería difícil en un largo invierno.



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