Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Hacia las doce y media la niña lanzó un grito. Hormiguita se acercó ella, y como no habÃa abierto los ojos, se limitó a mecerla durante un instantes, con lo que fue suficiente para que la niña volviera a dormir
Se disponÃa a volver junto a la abuela, a quien no querÃa dejar sola, cuando se oyó ruido fuera. Escuchó con más atención. Era como si arañasen el establo contiguo al cuarto de Murdock. Pero estando separado por un grueso muro, no se preocupó del ruido. Algunas ratas sin duda que corrÃan bajo la cama. Además, la ventana estaba cerrada y no habÃa nada que temer.
Hormiguita, después de haber cerrado la puerta que separaba los dos cuartos, se apresuró a volver.
—¿Y Jenny? —preguntó la abuela,
—Ha vuelto a dormirse.
—Entonces quédate a mi lado, hijo mÃo.
—SÃ, abuela.
Los dos, inclinados ante el hogar, bien encendido, volvieron a hablar de Martin y de Murdock, después de Martina, de Kitty y de Sim, que habÃan ido en busca de los primeros.