Aventuras de un niño irlandés

Aventuras de un niño irlandés

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿No la abandonarás nunca?

—Nunca… Nunca…

—¡Quiera Dios que sea más dichosa que nosotros! ¡Es tu ahijada, no lo olvides! Tú serás mozo cuando ella todavía será una niña. Un padrino es como un padre. ¡Si sus padres le faltaran!…

—No, abuela —respondía Hormiguita—. No tenga esos temores. La desdicha no durará siempre. Pasados algunos meses será otra cosa. Recobrará la salud y la volveremos a su butaca, mientras Jenny juega a su lado.

Y mientras Hormiguita hablaba de este modo, sentía el corazón oprimido, las lágrimas asomando a sus ojos, pues sabía que la abuela estaba enferma, muy enferma. Sin embargo, tenía fuerza para contenerse, ante ella al menos. Si lloraba, era fuera, cuando nadie podía verle. Además, tenía siempre miedo de hallarse en presencia de Harbert, llegando con los agentes para arrojar a la familia de su único abrigo.

La anciana empeoró en la primera semana de enero. Acometiéronle síncopes, y uno de ellos fue tan prolongado, que se creyó que su fin había llegado.

El día 6 fue un médico; un doctor de Tralée, uno de esos prácticos caritativos, que no rehúsan prestar sus servicios a los pobres, aunque esto no les proporcione utilidad alguna.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker