Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —Mas si el robo ha sido cometido… —dijo al fin.
—¿Cómo si ha sido cometido? —replicó la marquesa secamente.
—Excúseme su señorÃa —se apresuró a añadir el intendente—. Quiero decir… puesto que ha sido cometido, no ha podido ser…
—Más que por alguno de nuestros criados —dijo el conde Ashton blandiendo el látigo que tenÃa en la mano, de un modo feudal.
—¡Mister Scarlett! —dijo el conde Piborne— convendrá comenzar una información a fin de descubrir los culpables, y bajo la fe de un affidavit[6], requerir la intervención de la justicia, puesto que no nos es permitido ejercerla en nuestro propio dominio.
—Y si con la información nada se consigue, ¿qué partido tomará su señorÃa?

—¡Todos los criados del castillo serán despedidos, mister Scarlett! ¡Todos!
Y el intendente se retiró al mismo tiempo que la marquesa regresaba a sus habitaciones y el conde Ashton iba a reunirse con sus perros al parque.