Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Mister Scarlett habló de esta suerte a todos los que sufrieron su interrogatorio. Desgraciadamente, ninguno se confesó autor del crimen, después de haber acabado su minuciosa información, el intendente se apresuró a manifestar a lord Piborne que no habÃa producido resultado alguno.
—Esas gentes se entienden —declaró el marqués— y ¡quién sabe si no se han repartido el producto del robo!
—Creo que su señorÃa tiene razón —respondió mister Scarlett—. A todas las preguntas que les he hecho han respondido de idéntica manera. Esto demuestra de un modo suficiente que hay una unión entre ellos.
—¿Ha visitado sus cuartos, sus armarios, sus baúles, Scarlett?
—Aún no. Su señorÃa comprenderá que yo no podrÃa hacerlo eficazmente sin la presencia del constable.
—Es justo —respondió lord Piborne—. EnvÃe, pues, un hombre Kanturk, o mejor, vaya usted mismo. Espero que nadie podrá abandonar el castillo antes del fin de la información.
—Las órdenes de su señorÃa serán cumplidas.
—El constable no descuidará traer algunos agentes con él.
—Le transmitiré el deseo de su señorÃa, y lo satisfará.