Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Unos cuatro meses han transcurrido desde el inolvidable día en que el hijo adoptivo de la familia MacCarthy había abandonado la granja de Kerwan. Algunas líneas bastarán para decir lo que había sido de él en este período de su existencia.
Cuando Hormiguita abandonó la casa en ruinas, hacia las cinco de la tarde, la noche caía ya. No habiendo encontrado ni a Martin ni a los suyos en el camino que conducía a Tralée, tuvo primero la idea de dirigirse a Limerick, donde sin duda los constables tenían orden de conducir a sus prisioneros. Volver a encontrar a la familia MacCarthy, y unirse a ella a fin de participar de su suerte, parecía lo más indicado. ¿Qué no tenía edad ni fuerza para ganar dinero con su trabajo? Alquilaría sus brazos sin pena… A los diez años ¡qué podía esperar! Pero más tarde, cuando ganara buen jornal, éste sería para sus padres adoptivos; y más tarde aún, hecha su fortuna, él sabría hacerla, les ayudaría y les volvería el bienestar de que había disfrutado en la granja de Kerwan.