Aventuras de un niño irlandés

Aventuras de un niño irlandés

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Newmarket, situado a unas veinte millas de Kerwan, no es ni muy importante, ni de mucha población. Uno de esos pueblos de los que la indolencia irlandesa no llega a hacer jamás una ciudad, y que vegetan más que progresan.

Era tal vez un disgusto que el azar no hubiera conducido a Hormiguita hacia Tralée. Se sabe que la idea del mar siempre había entusiasmado al niño. El mar, ese inagotable sustento de los que tienen el valor para vivir de él. Cuando en la ciudad falta el trabajo, no faltan en el océano millares de barcos que lo surcan sin cesar. El marino debe temer menos la pobreza que el obrero o el labrador. Como prueba, ¿no bastaba comparar la situación de Pat, el segundo hijo de Martin MacCarthy, con la familia arrojada de Kerwan? Y aunque Hormiguita se sentía más seducido por el atractivo del comercio que por el gusto de la navegación, se decía que él tenía la edad en que se puede uno embarcar en calidad de grumete. Iría más allá de Newmarket, llegaría hasta el litoral, a la parte de Cork, centro de un importante movimiento marítimo, y trataría de enrolarse. Entretanto, era preciso vivir, era preciso ganar los chelines necesarios para continuar el viaje, y cinco semanas después de haber llegado a Newmarket con Birk, se encontraba aún allí.



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