Aventuras de un niño irlandés

Aventuras de un niño irlandés

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Se recordará que su mayor inquietud provenía del temor de ser detenido como vagabundo y encerrado en algún asilo. Por fortuna, sus ropas estaban en buen estado, y no tenía la apariencia de un pobre. La ropa blanca que tenía era suficiente, y sus zapatos habían resistido las fatigas del viaje. No tendría que ruborizarse de su traje cuando se presentase en cualquier parte.

Durante su estancia en Newmarket vivió de esos humildes oficios de los niños; recados de uno y otro, ligeros bultos que llevar, venta de cajas de cerillas que pudo comprar con media corona ganada cierto día, y de lo que gracias a su precoz instinto comercial sacó un regular beneficio.

Su fisonomía seria le hacía interesante, y los transeúntes mostrábanse dispuestos a comprarle su mercancía cuando gritaba con voz clara: Some light sir… Some light[7].

En suma, Birk y él pasaron menos en este pueblo que en su penoso viaje por el condado. Parecía hasta que Hormiguita, que había sabido proporcionarse algunos recursos por su inteligencia, hubiera podido permanecer en Newmarket cuando en los últimos días de abril, el 29, tomó bruscamente el camino que conducía a Cork.

Claro es que Birk le acompañaba, y en aquel momento el niño llevaba tres chelines y seis peniques en su bolsillo.


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