Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés ¡Qué de palabras inútiles, en medio de las que Hormiguita no lograba encontrar respuesta, apartándose para evitar las huidas del caballo! Al mismo tiempo, los perros por el patio continuaban su concierto de gruñidos. De aquà tal alboroto, que apenas si allà se podÃa oÃr nada. Mister Scarlett alzando la voz, añadió:

—Te advierto que si no te vas y te encuentro en los alrededores del castillo, te llevaré por las orejas a Kanturk, donde se te meterá en el workhouse.
Hormiguita no se turbó por las amenazas que le dirigÃan, ni por el tono con que eran formuladas. Aprovechando un momento de calma pudo al fin responder:
—No pido limosna, señor; no la he pedido nunca.
—¿Y no la aceptarÃas? —dijo irónicamente el intendente.
—No, de nadie.
—Entonces, ¿qué vienes a hacer aqu�
—Deseo hablar con lord Piborne.
—¿Con su señorÃa?
—Con su señorÃa.
—¿E imaginas que te va a recibir?
—SÃ, pues se trata de una cosa muy importante.
—¿Muy importante?
—SÃ, señor.
—¿De qué?