Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —¡SÃ, sÃ, se recomendará! —respondió negligentemente mister O’Bodkins—. Cuando no estén aquÃ, esto ya no me atañe, y con tal que mis libros estén corrientes…
—Además, si la enfermedad se los lleva —dijo el doctor tomando su bastón y su sombrero— creo que la pérdida no será muy grande.
—Conformes —respondió O’Bodkins—. Les inscribiré en la columna de los fallecidos, y su cuenta quedará saldada. Me parece que cuando una cuenta está saldada, nadie tiene derecho a quejarse.
El médico salió después de haber estrechado la mano de su interlocutor.
O’Bodkins era el director de la Ragged-School de Galway, pequeña ciudad situada en la bahÃa y en el condado del mismo nombre, al suroeste de la provincia de Connaught. Ésta es la única en que los católicos pueden poseer tierras, y en ella, como en el Munsater, el gobierno inglés toma a mal rechazar la Irlanda católica.