Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Pero si en lo que toca a la salud el niño soportaba impunemente tales pruebas, ¿qué se podía temer desde el punto de vista de su desarrollo intelectual? ¿Cómo resistiría al contacto de aquellos viciosos de cuerpo y espíritu, los unos nacidos no se sabía dónde ni de quién, los otros, la mayor parte, hijos de presidiarios, cuando no de ahorcados?
Había uno cuya madre estaba cumpliendo su condena en la isla de Norfolk, en el centro de los mares australianos, y cuyo padre, condenado a muerte por asesinato, acababa de morir a manos del famoso Berry en la prisión de Newgate. Este muchacho se llamaba Carker, y a los doce años parecía ya predestinado a seguir las huellas de sus padres. En la Ragged-School gozaba de cierta consideración; estando pervertido, pervertía, tenía cómplices y discípulos, y era jefe de los más miserables, siempre prestos a un mal golpe, en espera de delitos, cuando la escuela los hubiera arrojado a la calle como una escoria.
Apresurémonos a decir que Hormiguita sólo sentía aversión por este Carker, bien que no cesase de mirarle con ojos llenos de asombro… juzgad… ¡El hijo de un ahorcado!