Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés En general, estas escuelas en nada se parecen a los modernos establecimientos de educación, en los que el cubo de aire está distribuido de un modo matemático. El continente es apropiado al contenido. Siendo las almohadas y mantas paja, el lecho se hace pronto. ¿Refectorios? ¿Para qué? Cuando sólo hay por comida algunas cortezas y patatas, cualquier sitio basta. En cuanto a la instrucción, mister O’Bodkins es el encargado de ella, sabe enseñar a leer, a escribir, a contar, pero él a nadie obliga, y después de dos o tres años pasados bajo su férula, no se hubieran encontrado diez de aquellos niños en estado de descifrar un bando.
Aunque Hormiguita era el más joven de todos, contrastaba con sus camaradas mostrando cierto deseo de instruirse que le valía mil sarcasmos. ¡Qué miseria y qué responsabilidad social, cuando una inteligencia pide cultivo y queda sin él!
¿Se sabe lo que pierde el porvenir con dejar esterilizar un cerebro en el que la naturaleza ha depositado tal vez los buenos gérmenes que no fructificarán?