Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés No ocultaremos que ante el éxito obtenido a fuerza de economía y de inteligencia, el joven tuvo una ambición, la ambición reflexiva y legítima de aumentar sus negocios. Tal vez lo conseguiría con el tiempo, estableciéndose en Cork de una manera definitiva. Pero él se decía, no sin razón, que una ciudad más importante, Dublín, por ejemplo, la capital de Irlanda, le ofrecería mayores recursos. Cork, ya se sabe, no es más que un puerto de pasaje, donde el comercio está relativamente restringido, mientras en Dublín… ¡Pero estaba tan lejos!… Sin embargo, no sería imposible. ¡Cuidado, Hormiguita! ¿Es que tu espíritu práctico comenzará a forjar quimeras? ¿Serías capaz de abandonar la presa por la sombra, la realidad por el sueño? Después de todo, no le está prohibido soñar a un niño.