Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —No, Grip; y esto obedece a que no debÃamos estar en Cork cuando ella llegó. Hace ya dos meses que nos pusimos en camino.
—¡Dos meses! —exclamó Grip. ¿Qué tren habéis tomado para venir?
—¿Qué tren? —respondió Bob mirando maliciosamente al fogonero… El de nuestras piernas…
—¿Habéis hecho todo el camino a pie?
—A pie y por el camino más largo.
—¡Dos meses de viaje! —exclamó Grip.
—¡Qué no nos ha costado nada! —dijo Bob.
—¡Y en el que hemos ganado una bonita suma! —añadió Hormiguita.
Preciso fue contar a Grip lo acaecido en aquella fructuosa expedición; la carreta arrastrada por Birk, la venta de los diversos artÃculos en las ciudades y en las granjas, la especulación con los pájaros… una idea de Bob.
Y las pupilas de éste brillaban, como dos puntos de fuego.
Después la parada en Bray, el encuentro con el heredero de los Piborne, la mala acción del joven, y lo que siguió de aquÃ.
—¿Le golpeaste duro, al menos? —preguntó Grip.