Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Sackeville es una calle espléndida, bordeada de elegantes casas, con suntuosas tiendas y pisos de anchas ventanas. Esta larga arteria está inundada de luz cuando hace buen tiempo, y de aire cuando soplan las brisas del este. Su nombre patriótico es el de O’Connell-Stret. En ella, la Liga Nacional ha fundado su comité central, cuya muestra resplandece en letras de oro.
Pero en esta hermosa calle, ¡cuántos pobres andrajosos acostados sobre las aceras, agrupados en las puertas, acodados en los pedestales de las estatuas! Tanta miseria no dejó de impresionar a Hormiguita, por acostumbrado que a ella estuviese. En verdad, lo que parecÃa casi aceptable en el barrio de Saint-Patrick, desentonaba en Sackeville Street.
Una particularidad sorprendente también era el gran número de niños ocupados en la venta de periódicos. La Gaceta de DublÃn, el DublÃn Express, el Nacional Press, el Freeman’s Journal, los principales órganos católicos y protestantes, y bastantes otros.
—¿Eh? —dijo Grip—. ¡Qué montón de vendedores en las calles, en las estaciones, en los muelles!

—¡Un oficio que no se puede seguir aquÃ! —observó Hormiguita—. Ha resultado en Cork, pero no resultarÃa en DublÃn.