Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Y por todas partes policÃa, con el skiff en la mano, y también, para asegurar la tranquilidad de la isla-hermana, con el revólver a la cintura. Es la efervescencia de las pasiones polÃticas la que produce esto. ¿Hermanos los Paddys? SÃ; en tanto que una disputa religiosa, o una cuestión de home-rules, no excite a los unos contra los otros. Entonces son incapaces de contenerse. Es la antigua sangre de los galos que corre por sus venas, y llegarÃan a justificar este refrán de su paÃs: «Poned a un irlandés en el asador, y encontraréis siempre otro irlandés para volverle».
¡Cuántas estatuas mostró Grip a sus amigos en esta expedición! ¡Un medio siglo más, y habrá tantas como habitantes! Imaginad una población en bronce y mármol, de O’Connell, O’Brien, Wellington, Burke, Goldsmith, Grawan, Thomas Moore, de Crampton, Nelson, Guillermo de Orange y Jorge… Jamás Hormiguita y Bob habÃan visto semejante multitud de personajes ilustres sobre sus pedestales.
Entonces se dieron el placer de una excursión en coche, y mientras éste desfilaba ante otros edificios que atrajeron sus miradas por su grandeza y disposición, preguntaban a Grip, y Grip no se quedaba nunca callado. Tan pronto era una cárcel, como uno de esos workhouse donde se obliga a trabajar a las gentes por una exigua retribución.