Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —Ciertamente, and Co. —respondió Grip, a quien le gustaba dar este sobrenombre a Bob…—. Recordad esto que digo.
—En todos los viajes —dijo Hormiguita.
—Sà —en todos los viajes—. Tú harás fortuna, y una gran fortuna.
—Entonces, Grip, ¿por qué no quieres asociarte?
—¡Yo!… ¿Qué yo abandone mi oficio?
—¿Esperas, pues, subir más alto, y de primer fogonero, llegar a ser maquinista?
—Maquinista. ¡No! ¡No soy tan ambicioso! SerÃa menester haber estudiado. Ahora yo no podrÃa. Es tarde. Me contento con lo que soy.
—Escucha Grip, insisto. Nosotros tenemos necesidad de un dependiente con el que podamos contar en absoluto. ¿Por qué te niegas a serlo tú?
—No entiendo nada de vuestra contabilidad.
—La aprenderás sin trabajo.
—¡He visto funcionar tanto a mister O’Bodkins en la Ragged-School! No, chico, no. ¡He sido tan desgraciado en la tierra y soy tan feliz en el mar!… La tierra me da miedo. ¡Ah! Cuando tú seas un comerciante en grande y poseas barcos, yo navegaré en ellos por cuenta de tu casa. Te lo prometo.